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lunes, septiembre 29, 2014

Caficultor de pura cepa, por herencia y por gusto. Ese es Oswaldo Acevedo, el santandereano que lidera el famoso negocio de café orgánico de exportación Café Mesa de los Santos, que hace poco llevó el nombre del país más allá de las fronteras al vender una variedad colombiana a 130 dólares la libra, lo que lo convirtió en uno de los cafés más caros del mundo, después del Moca, de Guatemala (500 dólares), y del Geisha, de Panamá (350 dólares).

Su cultivo queda en la hacienda Los Robles, en La Mesa de los Santos, una zona de la cordillera entre Piedecuesta y Los Santos. Allí tiene 330 hectáreas de recuerdos, pues hace parte de la cuarta generación de cultivadores en su familia.

Acevedo logró, después de pruebas de ensayo y error, el HR61, un café orgánico especial que llevó a una subasta mundial, en la que los expertos degustaron el producto y, con base en la satisfacción de su paladar, incrementaban su precio, hasta que solo uno pudo obtenerlo.

¿Por qué prefirió irse por los cafés especiales, que pueden ser un negocio más estrecho?

El mundo está compuesto por dos clases de café, los commodities, que son los de precio tradicional, y los especiales, que son de cantidades más pequeñas y precios superiores. En los especiales hay una explosión grande de consumo, la gente está buscando cafés que le sepan muy rico.

Curiosidades sobre el café colombianoA esa demanda responden los tostadores pequeños, pero son miles en el mundo. Ellos son los que buscan cafés singulares, para diferenciarse de la competencia. Se la pasan de país en país, tras lo más exótico. No son productos de volúmenes, sino de rarezas, como una gema.

¿Cómo llegó a las subastas?

Colombia está metida en subastas desde hace 12 o 13 años. Inclusive, realiza una que se llama Tasa de excelencia, organizada por la Federación de Cafeteros dos veces al año.

Dentro de las subastas apareció una vez una ‘bomba’,que se llama variedad Geisha, producido en la hacienda Esmeralda, de Panamá; en la puja, hace 5 años, llegó al precio de los 350 dólares la libra. Luego le ganó el Moca, lo subastó una empresa de Guatemala y puso el café más caro del mundo, a 500 dólares. Allí estaba el mundo, hasta que la Mesa de los Santos participó en una subasta privada. La puja llegó hasta que unos tostadores de Australia ofrecieron 130 dólares, y nació el tercer café más caro del mundo y el más caro en Colombia.

¿Cómo y cuándo empezó esta tarea de lograr el HR61?

El proceso empezó hace cerca de 20 años. Trabajamos 80 variedades de semillas distintas. Se sembraron en un lote especial de 12 matas cada uno. Todos los años las probábamos con catadores de paladares muy afinados. Encontramos las que más les gustaban. De allí seleccionamos seis, y las empezamos a producir. HR61 es una de esas seis.

¿De dónde sale ese nombre?

HR, por Hacienda Los Robles (como se llama la hacienda de los tatarabuelos); 61, por ser el número que traía esa semilla.

¿Qué hizo el comprador con el café de 130 dólares?

Compró 30 libras. Las tostó y empacó en frascos de 150 gramos. Luego las vendió a 100 dólares, es decir, le sacó 500 dólares a cada libra, por la que pagó 130. Las vendió en Melbourne, en el campeonato mundial de baristas. Allí les dijo: ‘Yo tengo el tercer café más caro del mundo’. Esa es la historia del HR61.

Después de la subasta y de esa venta a precio récord, ¿qué pasó con esa variedad de café?

En este momento la hemos denominado Umpalá, un vocablo guane (indígenas que poblaron el Chicamocha), que significa ‘donde solo van los dioses’. De modo que hacemos el símil para expresar que son pocos los que van a poder subir hasta el lugar donde solo van dioses.

Cuando se llega al lugar en el que está su café, ¿qué más viene?

Este negocio lo empezó mi bisabuelo en Zapatoca, en 1870. Sembraba y exportaba a Alemania, después siguieron mi abuelo y mis tíos.

Yo no era cafetero, primero fui encuestador. Empecé a buscar las tendencias del café en el mundo. Me fui a las ferias a aprender, vi que venía la tendencia grande de la agricultura, la orgánica. Teníamos todas las condiciones para ser orgánicos. Le di la vuelta a la empresa, la volví orgánica. En ese camino voy a seguir, intentando producir algo nuevo, algo especial que supere lo anterior.


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